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Ficción: Instructivo para no hacer un trío

Por: Kenia López 01 Oct 2020
Ya entonados pasamos de las claras a las oscuras y entre cada beso empapado, Alejandra propuso invitar a una amiga “bi” con quien soli?a intercambiar mensajes
Ficción: Instructivo para no hacer un trío

Suena “Running Up That Hill” de fondo mientras yo, en boxers au?n, pienso en la misma chica otra vez. Alejandra, una de las mujeres con la cara ma?s inocente que he visto, pero con un apetito sexual insaciable y a quien ya habi?a tenido oportunidad de cogerme un par de veces, coincidentemente me envi?a un whats: “?que? haces hoy?”. Sin esperar a que le responda concluye: “vamos por unas chelas”, a sabiendas de que me es difi?cil decirle que no.

Me puse los u?nicos pantalones limpios que teni?a y una camisa a medio planchar. Nos lanzamos por unas artesanales al sur de la ciudad. Mucha gente usaba corbatas a la li?nea y vestidos enmarcados. Yo calzaba unos tenis sucios y llevaba un pantalo?n de mezclilla. Ella, prefirio? un vestido que sin problemas pasari?a como una bonita pijama. Fue increi?ble que nos dejaran pasar con tal facha.

Ya entonados pasamos de las claras a las oscuras y entre cada beso empapado, Alejandra propuso invitar a una amiga “bi” con quien soli?a intercambiar mensajes, sin que ella y yo nos conocie?ramos en persona. Por supuesto comence? a hacerme ideas….

No tardo? en llegar. Daniela me saludo? con un abrazo en el que senti? perfectamente sus senos confirmando el gusto que le daba conocerme. La mu?sica ni el ambiente eran de su agrado por lo que enseguida nos propuso ir a otro lado.

Sin pensarlo nos movimos a la Roma. Llegamos a un bar de 20 pesos la cerveza y pedimos un 12, que nos bebimos como agua mientras escucha?bamos mu?sica aleatoria que iba desde Danny Daniel hasta The Strokes. El alcohol ya comenzaba a hacer efecto y yo no dejaba de acariciar las piernas de Alejandra mientras poni?a atencio?n a la boca de Daniela.

Un par de horas despue?s, tomamos caminos zigzagueantes hacia una casa con olor a humedad y mu?sica millenial. Compre? una caguama, pues no iba a permitir que el alcohol escapara tan fa?cil por nuestros poros gracias al calor humano que se percibi?a desde que introduci?as un pie en el lugar, ?y claro! para comenzar a compartir fluidos, por algo debi?a empezar.

Ellas bailaban y yo no dejaba de admirarlas e imaginar el mejor de los escenarios, me senti?a el hombre ma?s exitoso del mundo. Alejandra comenzo? a besarme, introduciendo su lengua una y otra vez hasta lo ma?s profundo de mi garganta, mientras alzaba los brazos hacie?ndome una invitacio?n a tocar sus glu?teos, que lograban asomarse por debajo de su vestido.

Daniela, con la mirada perdida, segui?a bailando y Alejandra me pregunto?: “?quieres que la bese?”, no supe que? responder, mi plan era pedi?rselo, no que me lo preguntara, pero me conoce muy bien. Antes de responder, de nuevo, la comenzo? a besar. Sonrei? y mi ereccio?n comenzo? a hacerse ma?s evidente, pero en el lugar todos estaban muy alcoholizados para notar la comunio?n que sucedi?a en medio de la pista.

Busque? un pretexto para seguirla en otro lado y solo se me ocurrio? decir que estaba cansando, que las llevaba a sus casas. Pedi? un Uber y sugeri? que pasa?ramos a casa de Daniela primero. Llegamos a una colonia en la Doctores y fuimos recibidos por un olor a orina y alcohol del 96. Los tres bajamos del auto con el pretexto de asegurarme que Daniela estuviera a salvo en casa, pues vivi?a en una vecindad.

En un cerrar y abrir de ojos esta?bamos en su habitacio?n, mi plan estaba saliendo a la perfeccio?n y Alejandra se quito? el vestido empapado en sudor saliendo con direccio?n al ban?o sin pudor alguno, a pesar de que los padres de Daniela se encontraban en casa.

Aproveche? el momento para proponerle a Daniela el tri?o que llevaba horas cocina?ndose en mi cabeza. Ella accedio?. Cuando Alejandra regreso? del sanitario, la tome? de la cintura y le arranque? el cachetero blanco para abrirle las piernas y sentarla sobre mi miembro, que entro? como si lo tuviera embadurnado de mantequilla. Acaricie? sus senos, que cabi?an perfectamente en mis manos. Luego se acerco? Daniela y la tomo? del cabello para besarla; Alejandra cedio?, ma?s que eso, se lamio? los dedos para introducirlos en la vagina de Daniela, pues la de ella ya estaba habitada.

Unos minutos despue?s, Alejandra se levanto? y Daniela la arrojo? a la cama para lamerla. Luego le abrio? las piernas y empezo? a frotar su vulva empapada contra la de su amiga. Por momentos, Alejandra se perdi?a en el acto. Es tan pequen?a que las ganas de seducirla representan un acto de perversio?n, Daniela en cambio, muy alta, voluptuosa, una chica que no podri?a pasar desapercibida aunque quisiera.

Intente? volver a unirme a ellas, pero me volvi? invisible a sus ojos. No dejaban de gemir hasta que sus voces se volvieron una misma. Me converti? en un simple voyerista que se conformo? con masturbarse mientras las vei?a para ban?arlas con mi leche. Ellas recordaron que yo estaba ahi? y comenzaron a jugar como co?mplices de una burla seductora. Me tomaron bruscamente, y justo cuando crei? que habi?a vuelto al juego, me sacaron del cuarto, desnudo, arrojando mi ropa ra?pidamente para seguir en lo suyo.

No supe que? dolio? ma?s, si mi ego o mis testi?culos. Tome? un Uber a mi casa y desde entonces no se? nada de ellas. A la fecha, me masturbo cuando pienso en aquella noche, mientras es- cucho “Running Up That Hill”.

ilustracio?n de Erick Groove

@erickgroove

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